Pírrica victoria de Brasil: 1-0 y gracias

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Ganó Brasil a Venezuela, sin ningún tipo de épica, ni de brillantez. Marcó Roberto Firmino en el segundo tiempo en una acción aislada de cazagol y  evitó un empate vergonzoso. Fue un partido triste para olvidar.

Los brasileños aburrieron hasta la extenuación, pero consiguieron, a la postre, el objetivo de sumar su tercer triunfo consecutivo en las Eliminatorias Sudamericanas para Qatar 2022. La Canarinha tendrá que mejorar, y mucho, si el martes no quiere sufrir un correctivo en Montevideo ante un Uruguay que llega lanzado.

BOSTEZOS EN UNA PRIMERA PARTE SOPORÍFERA

Brasil no se encontró. Nadie supo asumir el rol de los lesionados Coutinho Neymar, los dos crack con autoestima, galones y dribling para romper cualquier partido en una acción individual. La Seleçao presentó una versión burocrática, sin identidad y lánguida.

La incapacidad ofensiva era manifiesta: transcurridos los primeros 25 minutos, los de Tite solo habían finalizado una sola vez, por ninguna de una Vinotinto acongojada, cerradita atrás con orden y sin argumentos para acercarse al área de Ederson

El dominio territorial local era abrumador, con Thiago Silva Marquinhos jugando, a veces, en la línea de tres cuartos. Sin embargo, la crisis creativa era evidente de un equipo lento y previsible. El doble pivote, Allan y Douglas Luiz, no es ningún primor técnico. Y el flamenguista Everton Ribeiro, sustituto de Coutinho, estuvo desaparecido. El tridente Firmino – Gabriel Jesus – Richarlison deambuló desconectado arriba, solo abastecido, puntualmente, con los centros de Renan Lodi. La decepción brasileña al descanso era total.  

BRASIL, UN ENCEFALOGRAMA PLANO

Tite intervino. Entró Paquetá por Douglas Luiz para mejorar la calidad del pase. Nada cambió. Y el partido se convirtió en una especie de contrarreloj para los brasileños, que jugaban con absoluta improvisación y un punto de desidia. No surgió ningún líder que imprimiese su sello a un Brasil alicaído que mostró una de sus peores versiones.

Y en una de las pocas jugadas trenzadas con criterio llegó el gol salvador de Roberto Firmino, que se aprovechó de una asistencia, sin querer, del venezolano Marchís. El tanto, celebrado con excesiva efusividad por Tite, rescataba a Brasil del marasmo.

Ni la puesta en escena de Pedro, que vive un espléndido momento en el Flamengo, ni del fogoso Everton Cebolinha, ahora en el Benfica de Jorge Jesus, cambiaron la dinámica del encuentro. Venezuela ni llegó asustar. Y Brasil se retiró avergonzado por el espectáculo de horrores mostrado.

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