El Barça reina en Madrid

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Hay trenes que se acercan a toda velocidad, tan rápido que casi no se les ve venir, pero se les intuye a mucha distancia. Ese convoy que arrolló al Madrid era el Barça (73-88), el mejor de largo en esta Copa, el mejor aquí y ahora en el baloncesto español. Favorito, favoritísimo, y a veces los pronósticos se cumplen.

Un equipo de un enorme talento y en plenitud física frente a un rival que ha marcado una época, pero que envejece y aún está puliendo a sus recambios (a otros tendrá que ficharlos y será complicado) y que, además, ha tenido que lidiar con una pila de inconvenientes. Demasiado lastre para enfrentarse a un adversario pletórico, líder de la Euroliga. Si retrocedemos en el tiempo cinco meses, a la final de la Supercopa en septiembre, los blancos ganaron en el alambre con Campazzo de MVP y con Jasikevicius recién aterrizado. A ese bloque culé le faltaba rodaje y le faltaban Kuric y Higgins. De aquel Madrid se ha marchado el Facu; mientras que Rudy, Taylor y Randolph se han ausentado por lesión. Por primera vez en la era Laso, el Real fue barrido en una final, quizá solo existe un precedente, cuando cayó exhausto en el tercer y cuarto asalto del playoff ante el Valencia en la Liga de 2017.

Tercer título de Copa en cuatro años para los azulgrana, su torneo salvavidas en tiempos recientes. Nada que ver, eso sí, con la tensión y la polémica de los desenlaces de 2018 y 2019. Y primer éxito de Jasikevicius, y aún más importante, el primero de Mirotic en la Ciudad Condal después de tres finales perdidas. Brilló superando de salida a Deck y lo hizo su relevo, el letón Smits, incluso cuando la estrella tuvo que irse de urgencia al vestuario en el segundo cuarto por un golpe arrastrado de batallas previas.

Higgins, el mejor jugador de la Copa

Corey Higgins (20 puntos esta vez, 19 de media) es el MVP indiscutible de un éxito grupal, el de Calathes (9+5 rebotes+8 asistencias), Kuric, Hanga, Davies… Y el de Abrines, duda hasta el viernes y que se ha marchado con un 8 de 8 de tres y amargando a Carroll. Palabras mayores.

El Madrid solo aguantó tres minutos (7-4), luego se bloqueó asfixiado por una defensa de muchos quilates. Acciones aisladas frente a un adversario que reboteaba más y que corría después de errores groseros en el lanzamiento. Si con todo el entramado culé atrás, con esos cambios continuos de emparejamiento (y también por eso), Thompkins arranca con 0 de 4 y Carroll con 0 de 8… ya pueden imaginarlo.

El recurso de Garuba

Un parcial de 0-14 lanzó a la tropa azulgrana hasta el infinito y más allá. Daba igual que entrara Tavares (Thompkins fue el pívot titular de salida y a sus errores en el tiro añadió serios despistes atrás). La segunda unidad del Barcelona dio algo de aire al duelo en el inicio del segundo cuarto (20-25) y Jasikevicius saltó como un resorte: Calathes, Mirotic y Davies a pista y Higgins en su salsa. Un 2+1 del ahijado de Jordan ponía el +24 (31-55) para darle la bienvenida a la segunda parte. Era jaque mate, pero el Madrid nunca tumba a su rey antes de tiempo. Sigue y sigue, aunque sepa que no va a poder. Un aplauso porque solo así se logran gestas inopinadas; no era el día, por supuesto, pese a que recortó la brecha hasta los once tantos: 62-73.

Primero por la defensa encomiable de un Garuba mermado presionando a los bases (+16 con él en pista, en 12 minutos) y luego por un arreón de coraje de Llull y por Tavares (13+8+5 tapones); más tarde por el acierto de Abalde. Fue un cambio de ciclo simbólico, con el alero gallego, Alocén y Garuba empujando donde antes estaban los Rudy, Reyes y compañía. El Barça reina en Madrid, como en las dos últimas ediciones en la capital (2011 y 2019). El show de la primera parte dice que ha venido para quedarse en la cima.

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