Más vidas que un gato

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Sólo Novak Djokovic y quizá su equipo saben lo bien o mal que está el serbio de la lesión abdominal que a punto estuvo de dejarle fuera del Open de Australia en aquel drama que protagonizó en tercera ronda contra Taylor Fritz. El caso es que el serbio se dejó una de las muchas vidas que tiene, más que un gato, para vencer este martes a Alexander Zverev por 6-7 (6), 6-2, 6-4 y 7-6 (6) en un partidazo de 3h:30 y meterse por novena vez en las semifinales del torneo. «Con este tipo de problemas necesitas tiempo para calentar, antes del partido todavía sentía que me tomaría un tiempo poder rotar bien. A partir del segundo set empecé a moverme mejor, a jugar mejor y sacar extremadamente bien. El partido se lo podría haber llevado cualquiera, había muchos nervios, mucha presión. Estoy secó emocionalmente después de esta gran batalla», explicó el de Belgrado.

Su logro le acerca mucho estadísticamente al título, puesto que las últimas ocho veces que alcanzo el penúltimo partido, levantó después el trofeo. Djokovic estuvo contra las cuerdas en el tercer set y también en el cuarto. Ambos los empezó con quiebre en contra. Pero con su genio indomable, el que le hizo destrozar una raqueta con 4-2 en el tercer parcial («Recuperé la concentración después de eso», confesó), y un día francamente fantástico con el saque (23 aces) le llevaron a un triunfo de esos que le pueden catapultar hacia el éxito si el físico le aguanta.

El jueves, además, se enfrentará al sorprendente y al mismo tiempo asequible para él Alsan Karatsev, el 114º del mundo que ha hecho historia al llegar tan lejos en su debut en un Grand Slam con un ranking tan bajo. A Zverev no debería caberle el consuelo de haber competido contra un monstruo, porque pocas veces se encontrará a un Nole que cometa 56 errores no forzados y encaje tres breaks. Al alemán, finalista del pasado US Open, ya se le debe pedir grandeza por mucho que la sombra del Big Three siga siendo muy alargada.

Oportunidad perdida

Porque Zverev tuvo el partido controlado en tres de las cuatro mangas y, salvo la primera, que salvó por lo pelos en el desempate, las demás se le escaparon por no saber templar los nervios ante un jugador increíble, pero que estaba fallando más de la cuenta, sobre todo con el revés, su arma más precisa. Como Houdini, Djokovic se zafó de cada trampa mortal, por muchas cadenas que su rival le pusiera. Especialmente tras ese 4-2, después de que los empleados del torneo recogieran los cachitos de raqueta que se habían quedado sobre la pista. El balcánico, con un 5-0, puso los cimientos de la que sería su inexorable victoria. No obstante, nunca había perdido tantos sets (5) de camino a las semifinales de un major. Un signo de lo complicado que está siendo para él este Open de Australia que desea con tanta pasión y un puntito de locura.

Calendario y resultados.

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